Un lugar lleno de polvo, un lugar hecho polvo es lo que Jecomoria encuentra al abrir la puerta de su casa, si aún se le puede llamar casa, un poco aterrado llama en un grito a su madre.
-¡Uvaldina!, mamá estas aquí, que es lo que ha pasado en esta casa.
El pánico empieza a torturarlo, su angustia empieza aumentar, él nada que encuentra a su madre.
Afuera el conductor del taxi, un poco estresado por la lluvia y su necesidad de abandonar el lugar grita.
- ¡Será que me puede pagar la carrera!, mi tiempo es oro y oro es lo que no tengo.
Después de unos segundos me di cuenta que mis padres no habían fallecido hace poco, por el estado de las cosas en la casa, estas me demostraban que eran años que estaba deshabitada, todo ahí estaba totalmente cubierto de polvo, las sillas de la sala de estar de mamá estaban totalmente razgadas por los ratones, esa ya no era mi casa, era la guarida de las ratas.
De que valen tantos años de estudio, de que sirve hacer pagar los errores de otros, en que parte de este mundo estarán mis padres, porqué tenían que morir sin mí, sin tener la oportunidad de guiarlos a mi jardín para poder cuidarlos, estar con ellos, maldito sea el tiempo que pasa sin avisar, como no me di cuenta que esto podría pasar.
En ese momento parecía estar hipnotizado, era como si estuviera reconstruyendo sus recuerdos con la mirada, poco se acordaba que tenía una cuenta pendiente y que era un taxista el que le gritaba.
Ahora yo como le voy a pagar a este insolente, no tengo todo el dinero que este hombre me está pidiendo.
Frente a esto Jecomoria retoma el presente, sale de la casa diciendo.
- Señor conductor, se que para usted será un poco difícil de entender, pero me acabo de enterar que mis padres están muertos, que estoy solo en este mundo de porquería y que no tengo el dinero que usted me está pidiendo.
- ¡QUE¡ usted cree que yo no como, que no tengo familia, que trabajo por gusto, Cada carrera es un plato de comida para mis hijos y ahora usted me va a venir a robar, pues sepa usted señor que yo de aquí no me muevo, o me paga o me paga, que dijo que le comí de susto con su ropa rara.
- Entienda usted señor que realmente no tengo como pagarle, en mis bolsillos tan solo hay unas cuantas monedas y un billete de cinco mil.
El taxista ya percatado le de la situación de Jecomoria, acepta el poco dinero que este le da, arranca su carro y se va. Jecomoria empieza a llorar, las lagrimas parecen mentira, él es un hombre que jamás ha experimentado el dolor y menos el dolor de perder a alguien, él la muerte siempre la vió como un fin y un comienzo de la vida real, realidad a la que cuidaba en ese jardín.
Lástima que mi madre nunca leyera mis cartas, con ellas había tratado de prepararla para la noticia, contarle y mostrarle lo que es ver mi ventana, ahora no se en que parte de este mundo está, no sé si es consciente que todo lo que yo decía era verdad, mi vida ha cambiado, ahora buscare a mamá, yo se que al jardín los pequeños tendrá que llegar, ella no fue una mala persona y ahí estaré para poderle hablar.
Dada la situación Jecomoria empieza a limpiar y a reorganizar su casa, toma una cortina por trapo y empieza a limpiar, limpia los cuadros que son lo único que están en buen estado, se inventa una sala con los poco muebles que las ratas dejaron, improvisa un comedor que nunca va a usar, pero lo hace para darle un poco de orden a ese lugar y todo esto, para no pensar, para dejar de llorar y poder seguir con su misión.
Toda esta situación hizo que Jecomoria se encerrara por un buen tiempo en su cuarto…

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