sábado, 23 de julio de 2011

7Narrativas/Personaje:Jecomoria

Marcella Paz                     
Personaje: Jecomoria
Hombre de muy pocas palabras


Livier es un hombre de setenta años de edad, mide aproximadamente un metro setenta,  su piel es blanca y pálida pero con un espectacular  brillo,  es como ver el resplandor de un diamante cuando es expuesto a la luz del sol, su pelo se puede decir que era de color castaño, lo sé por el rastro en sus cejas, sus ojos son algo rojizos, su mirada da la sensación de sed de justicia, cuando te mira fijamente sientes que quiere matarte, es como  si te quisiera cobrar un dolor de su pasado, como si fueras el culpable de sus desgracias, pero lo que la gente no sabe es que el color de sus ojos  cambia según sus visiones, desde muy pequeño Livier descubrió que tenía un poder,  ver el futuro. Es como si detuviera el tiempo en su cabeza, como si pudiera ver minutos antes lo que está por suceder y gracias a ese don, Livier decide cambiar su  nombre a Jecomoria,  Justiciero de los ecos en su memoria.

Sus visiones logran recordarle que es una persona diferente, mantienen la cordura de su existencia pero a la vez  lo hacen sentir en la obligación de castigar a quien lo merece y de recompensar a quien sus visiones lo crean acreedor.  

Jecomoria vive en la misma casa blanca en donde nació, la Casa de los Leones en piedra del barrio Granada en el norte de la ciudad de Cali, varios vecinos aseguran que en altas horas de la noche se escuchan los rugidos de los leones y se rumora que ya se han comido a varias personas que han intentado entrar en la casa o lo que es peor visitar el parque los Pequeños.


Cuando Jecomoria era apenas un niño dormía en la parte del garaje de la casa, esa es la zona más retirada, sus padres lo encerraban y lo obligaban a dormir ahí porque les daba vergüenza tener un hijo loco, ellos nunca se dieron cuenta de los dones de Jecomoria, decían que había heredado la locura de su abuelo y que por lo tanto era una vergüenza ante los vecinos tener un hijo que andaba por ahí creyéndose Dios, juzgando a todo el que veía a los ojos, la gente del barrio empezó a temerle, por que cuando Jecomoria se concentraba en los ojos de alguien era cuando daba su predicción y la gente empezó a creer que por su culpa las personas morían, que al hacer su predicciones les echaba una maldición, por esa razón sus padres lo enviaron al templo Tenrikio a las afueras de la ciudad de Cali.

Carta a sus padres:

Hola papá y mamá ya hace 12 años que estoy aquí, me he acostumbrado bastante, los monjes son buenas personas, ahora me están enseñando técnicas nuevas del manejo de las energías y me gusta mucho, pero lo que más extraño es mi cómoda cama, recuerdo que dormir en ella era como dormir en una nube con mi suave almohada y mis calienticas cobijas, pero lo que más extraño es la ventana, esa ventana de mi cuarto que en altas horas de la noche me permitía apreciar el mundo con otros ojos,  y esa hermosa luz de la luna que me despertaba para avisarme que era la hora de entrar al mundo fantástico, aunque no lo creas ese parque los pequeños es el mundo al que quiero pertenecer cuando sea viejo, bueno ya no te aburro mas con mis cuentos locos como tú los llamabas, espero estén todos bien y verlos muy pronto un abrazo Livier.

Como dice Jecomoria en su carta esa ventana es la entrada a otro mundo. El parque los pequeños recoge las almas perdidas de todos esos niños que murieron injustamente por la famosa ley del bautismo, todo niño que no hubiera sido bautizado debería morir porque se consideraban hijos del demonio, pero Jecomoria sabía que eso era una total mentira, esos niños que murieron injustamente no eran más que niños inocentes llenos de amor y ternura, lo sabía porque cuando regreso a  casa a sus 70 años, esos eran sus únicos compañeros, el esperaba con ansia la luz de la luna en el cuarto en donde dormía cuando era pequeño, esperaba los primeros rugidos de los leones que le avisaban que los pequeños estaban entrando, para él era el momento de compartir con sus amigos, era el momento de recordar a sus padres, él creía que alguien le podía dar información sobre las almas de sus padres, sabía que si los encontraba ya no le recordarían como el hijo loco, sino que finalmente lo entenderían.

Para Jecomoria entrar a ese parque era como vivir su infancia, por años se acostumbro a tan solo salir de casa en las noches, la gente del barrio lo consideraba mejor así, además le tenían prohibido a sus hijos hablar o si quiera pasar enfrente de la casa, ya que su aspecto era bastante aterrador. Siempre estaba vestido con botas negras y una gabardina en cuero negro, tenía una capucha que lograba ocultar sus ojos para evitar sus premoniciones y que fuera mal tratado o juzgado por quienes no sabían nada, pero a él esto no le importaba, consideraba suficiente la existencia y compañía de las almas perdidas y más aun sabiendo que gracias a su don y todas las técnicas aprendidas en el templo tenrikio era él quien los ayudaba descansar en paz, era él el puente entre la tranquilidad del mundo real y el cielo.

Jecomoria  con su estadía en el templo Tenrikio aprendió a canalizar las energías, aprendió a manejar sus visiones, aprendió que para no olvidar nada debería anotar todo en un cuaderno. Su cuaderno de portada dura y cuero negro. Todas esas anotaciones construyen un mundo en el que se acumulan los pecados de todas las personas a las que el alguna vez les dio su predicción y una vez él muera, ese mundo de su cuaderno cobrará vida y pondrá a prueba a cada una de las personas que cometieron errores y no fueron saldados, pondrá cada error cometido como una penitencia.

Hoy Jecomoria cada noche espera en la ventana de su cuarto el sonido de los leones para encontrarse con sus pequeños, sus amigos y sus padres...