Martes 6pm, llovía en la ciudad de Cali, esto por esta temporada es algo normal, pero como llovía este día. Justo el día en que mi vida cambiaría de sentido, porqué digo esto, porque simplemente mi regreso sería cómo un despertar, un despertar de muchas cosas que jamás pensé que tendría que afrontar, y les confieso algo, la lluvia ponía mis sentimientos algo melancólicos. Para Jecomoria el tener que regresar a casa implicaba enfrentarse con sus padres, afirmarles que él no está loco, que sus visiones son reales, que realmente existe un mundo después de la muerte.
Él sabía que sería una discusión casi sin fin, pero que de igual manera tendría que enfrentar.
Ese mismo martes del que él habla, salió muy temprano del templo, estaba dispuesto a encontrarse con el mundo, mundo del que hace mucho no sabía, uno totalmente diferente al que él recordaba.
Muy a las 6:30 am se dispone a tomar un auto bus, pero que sorpresa, se encuentra con un enorme bus de color azul, el cual le llama mucho la atención, pero él, no le da importancia, piensa que es una empresa nueva en la ciudad. Unas cuantas horas más tarde nota que ese el único bus que pasa por ahí, intenta tomarlo, pero el conductor lo mira de una manera extraña, le pregunta por su tarjeta.
-¿Tarjeta?
- ¡Sí! Señor, su tarjeta.
- Disculpe señor, yo no voy a pagar con tarjeta, tengo efectivo.
Frente a esto el conductor tan solo se ríe y cierra la puerta, continuando con su recorrido.
Jecomoria queda un poco desconcertado, pero no le da importancia, tan solo piensa -“El mundo está loco y dicen que el loco soy yo”, frente a esta situación nota que le toca emprender su viaje a pie.
-¡Tarjeta!, ¿Quién paga un pasaje en bus con tarjeta? ¿A caso la tecnología ya nos tiene como esclavos?
Emprendiendo su camino y quedando totalmente mojado por la lluvia y los salpicados de los carros que pasan a su lado, Jecomoria comienza a pensar en que será lo que le dirá a sus padres al llegar, de qué manera les hará entender su realidad, como logrará abrir sus mentes para que de una vez por todas entiendan su verdad.
Avanzando unos siete metros en su camino se encuentra con una anciana, que para su gusto tiene una apariencia bastante tierna, la señora ya de edad lo saluda, pero él evita mirarla a los ojos, no pretende dar testimonio de su destino, le parece una anciana bastante tierna como para cambiar su impresión, considera que su hora de muerte no estará muy lejos y para que adelantarla.
- ¿Señora no está algo mojada?, pregunta Jecomoria con sarcasmo. ¿Qué hace usted caminando por esta calle, acaso tampoco tiene tarjeta para viajar en bus?
- No, no tengo tarjeta y tampoco dinero.
Jecomoria frente a esta situación se quita su gabán de cuero negro y se lo pone en los hombros a la anciana.
- Úselo usted, creo que en este momento lo necesita más que yo. ¿Para donde se dirige, si se puede saber?
- Que hombre tan extraño eres. Voy al funeral de mi hermana, un asesino que se hace llamar artista la mato.
Jecomoria decide acompañarla pero sin decir una sola palabra, el camino se hace eterno con tanto silencio, la lluvia no para, cada vez empeora, la calle se inunda y sus botas se empapan. Ya cansado de la lluvia y un poco angustiado por la salud de la anciana, decide abordar un taxi y pagarlo en casa cuando se encuentre con sus padres. La anciana al ver la oportunidad del aventón no se niega y de inmediato para el taxi.
- Bueno señor, será usted tan amable de llevarnos a….
- ¡Centenario! si es tan amable. ¿Le quedara cerca la funeraria en donde se encuentra su hermana?
- Si, centenario está bien.
- ¿Si que ha cambiado la ciudad, no le parece?
- Si, algo.
Responde de manera cortante.
- ¿Le gustaría acompañarme al funeral?, no quisiera llegar sola.
- Lamento no poder ayudarla, pero hace mucho tiempo que no veo a mis padres y quisiera llegar a verlos en este momento, pero si gusta me busca en la noche, le podría enseñar un lugar que se que le va a encantar.
- Es usted muy amable, lo tendré en cuenta.
- ¿Señor, ve usted esa casa blanca con esos dos leones?, podría dejarnos ahí si es tan amable.
El taxista se orilla y la anciana se baja.
- Muchas gracias por todo, aquí esta su capa, si me desocupo temprano vendré a buscarlo, me gustaría conocer ese lugar tan maravilloso que mencionó.
- La estaré esperando.
- ¿Cuánto es señor?
- Son 15.500 pesos.
- ¡Perdón! ¿Acaso usted me llevo al aeropuerto y volvió que no me di cuenta?, deme un momento por favor.
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