jueves, 3 de noviembre de 2011

INT-CASA, SALA-JECOMORIA-TARDE


Jecomoria, piel blanca, 1,75 estaturas, facciones marcadas, ojos negros, labios pequeños, dientes blancos, pantalón largo negro, zapatos puntudos negros, camisa negra manga larga, sombrero negro, está sentando en un sofá naranja, una habitación tipo estudio, el lugar está lleno de copas y botellas de vino, una mesa redonda pequeña a su lado. Tiene un lapicero en la mano y un cuaderno en la otra.


Jecomoria tomo un largo trago de vino blanco, recuesta su cabeza sobre el pico de la botella de vino, mira hacia atrás por la cortina de la ventana, no logra ver nada así que se acomoda el sombrero y se recuesta en el sofá.


Se mueven las cortinas por el fuerte viento que entra por la ventana, se vuelan unos papeles que estaban sobre la mesa pequeña, Jecomoria recoge uno a uno y los amontona sobre sus piernas, los mira fijamente con nostalgia. Jecomoria es interrumpido por el sonido de las alas de un murciélago que entra por su ventana, mira hacia ella y ve la silueta  que le dice.


-Tu momento ha llegado.


Jecomoria un poco intrigado se acerca a la ventana para tratar de ver mejor de quien es la voz que le habla, un poco asombrado se reacomoda en el sofá.





INT- CASA- ESTUDIO –JECOMORIA-TARDE


Jecomoria se pone más inquieto y mira con preocupación a todas partes,  está como buscando dónde está el murciélago.


 Jecomoria (Grita)


¡¿Quien está ahí?¡


Voz maría maría (grita)


¡Soy yo, María María, te necesito, ábreme la puerta¡.


Jecomoria (Grita)


¡Qué quieres, niña¡


Voz María María


Necesito hablar contigo.


Jecomoria (Grita)


¡No me interesa hablar nada con vos!


Voz María María


¡Por favor, Jecomoria, te lo pido¡.





Jecomoria no la deja entrar, esta estresado, no sabía por qué el encontrarse  con esa niña era tan malo para él, recordaba que desde su primera visita lo único que le llegaba a su vida eran temores, desgracias, y mala suerte. Jecomoria ignoraba por completo a la niña, se concentro en escribir en su cuaderno de pasta dura, pues él en ese momento no sabía a qué se refería la niña con su primera frase “tu momento ha llegado” no sabía si era una amenaza o tan solo era una alerta de que algo malo estaría por pasar. Jecomoria concentrado en su cuaderno y el murciélago que volaba a su alrededor escribía con gran velocidad, pues no sabía si esas eran sus últimas palabras, la luz de la habitación se apagan sorpresivamente, dejando todo en total oscuridad.

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