jueves, 15 de septiembre de 2011

Más que una simple voz de la conciencia.



















Un poco agobiado Jecomoria había decidido renunciar por completo al jardín Los Pequeños, en este momento él se encontraba en un estado emocional poco estable, no quería que nadie le preguntara nada, no quería seguir escuchando los murmullos de las gentes cuando lo veían pasar, no quería ser mas el extraño de la ciudad.



Jecomoria, encerrado en su casa tan solo se dedico a escribir, llenaba las páginas de su cuaderno, básicamente era como si se estuviera desatrasando, pero esta vez sus escritos no eran tan solo el registro de sus visiones, eran más los deseos y recuerdos de sus padres.



La anciana quien era su única amiga se encontraba frente a él sin decir una sola palabra.

El ambiente estaba un poco tenso, la anciana un poco incomoda por qué no sabía con exactitud como tomaría Jecomoria lo que tenía por decirle, ella en su mente imaginabas las miles de reacciones que su noticia le podía causar a él.



Para ella era un poco difícil explicarle porque era ella quien sabía todas esas cosas, pero prefirió no darle importancia, considerando que ese no era el momento. Unas cuantas horas más tarde la anciana perturba por completo el silencio eterno que los rodeaba, Tosía como si estuviera a punto de morir, pero eso no era más que una estrategia para que Jecomoria no se lamentara más con sus recuerdos, ella sabía que tenía que hacer algo para cambiar esa actitud en él, ella sabía que si permitía que Jecomoria quedara totalmente decepcionado de la vida se perdería mucho, se perdería el trayecto de la historia y su interés en llegar al jardín, sabía que si no encontraba la manera de motivarlo ella también quedaría perdida.



El gabán, el sombrero y su cuaderno eran lo único que le podían ayudar a la anciana ese momento para que Jecomoria reaccionara, era mentirle un poco con respecto a lo sobrenatural,  era asegurarle que ella también había tenido poderes y que estaba perdida en este mundo por no saber aprovecharlos.



Era el momento de revelar los poderes de sus cosas, era el momento de explicarle por que de la nada el presentaba ese gusto al vestir. Ella sabía que si no mentía Jecomoria cambiaria por completo, trataría de ser una persona normal en esta ciudad y desviaría por completo el rumbo de su destino.  



Para lograr su objetivo la anciana tuvo que mentir, pero no decía nada en concreto, su plan era engañar a Jecomoria,  dejar que su imaginario lo guiara que cambiara de postura, que no renunciara a esos dones que negaba a explotar y conocer.


Este es el momento que en que tu vida por fin tendrá sentido, es el momento de que demuestres que no estás loco, que eres más sabio que los demás que dicen estar en el mundo correcto, no te olvides que el cuaderno es un portal, aun no lo sabes, pero ese es el destino de tus padres, es el destino de las personas a las que quieres juzgar.

Esas eran las palabras que la anciana quería decir en voz alta, pero algo se lo impedía, por lo que decidió hacerle entender mediante pistas que su vestimenta, sus ojos y objetos tenían un poder, un poder que ella no dejaría perder.

1 comentario:

  1. Marcella, este capítulo como reconocimiento por parte del héroe de quién es, me parece que puede funcionar muy bien, lo que está atroz es la ortografía mujer, comenzando por la Voz de la conciencia, debes corregir ortografía y redacción.

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